Joaquín Rodrigo y Jacques Ibert
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En 1929, un joven Joaquín Rodrigo se daba a conocer a la élite musical francesa colándose con su obra Cinco piezas infantiles en el programa que ofrecía el 28 de marzo la Orquesta Walter Straram en el Teatro de los Campos Elíseos. Y las críticas en prensa recogían el momento : “(…) El jueves, entre las Escalas de Jacques Ibert, que nos han conducido al más agradable de los viajes por el Mediterráneo, y El Mar, de Debussy, hemos conocido a un joven compositor español cuyo nombre conviene recordar, Joaquín Rodrigo. Sus Cinco Piezas infantiles, que fueron interpretadas ese día, están llenas de encanto y buen humor, de simplicidad y de precisa observación. Ocupan un sitio de honor en la literatura musical que, desde Schumann, los mejores músicos han querido dedicar al alma de los niños, a sus juegos y al despertar de sus pensamientos y que alcanzó, con Bizet y Moussorgsky, su punto álgido.
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![]() Programa de la Orquesta Walter Straram que incluye la obra Cinco piezas infantiles de Joaquín Rodrigo. 28 de marzo de 1929 en el Teatro de los Campos Elíseos. |
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Desprovistas de pretensión, las obras de Rodrigo tienen toda la gracia, toda la ingenuidad que el tema requiere; pero si tenemos en cuenta la particular circunstancia de que el autor es ciego, y que para escribir su partitura de orquesta, ha tenido que vencer además de los obstáculos que se presentan a todos los músicos, los que derivan de su discapacidad, prácticamente insuperables, tendremos que reconocerle un verdadero mérito. Su orquesta no solo está bien diseñada y resulta agradable a la escucha, sino que huye de toda banalidad y muestra un dominio que muchos videntes podrían envidiar a Rodrigo. Hacía tiempo que no advertíamos en un debutante semejante facilidad, semejante seguridad. (…)”.Louis Aubert. Paris-Soir. Martes 2 de abril 1929
Unos años más tarde, ochenta y cuatro para ser exactos, los dos compositores Ibert –neoclasicismo francés- y Rodrigo –neocasticismo- han vuelto a coincidir. Fue el pasado 24 de febrero en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas, Bélgica. En el programa, de nuevo las Escalas del compositor francés, que siguieron al Concierto de Aranjuez, en su versión para arpa, interpretado por Anneleen Lenaerts y la Orquesta Nacional de Bélgica bajo la dirección de Stefan Blunier. Curiosa coincidencia. |
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Desprovistas de pretensión, las obras de Rodrigo tienen toda la gracia, toda la ingenuidad que el tema requiere; pero si tenemos en cuenta la particular circunstancia de que el autor es ciego, y que para escribir su partitura de orquesta, ha tenido que vencer además de los obstáculos que se presentan a todos los músicos, los que derivan de su discapacidad, prácticamente insuperables, tendremos que reconocerle un verdadero mérito. Su orquesta no solo está bien diseñada y resulta agradable a la escucha, sino que huye de toda banalidad y muestra un dominio que muchos videntes podrían envidiar a Rodrigo. Hacía tiempo que no advertíamos en un debutante semejante facilidad, semejante seguridad. (…)”.